Preparación: 

 
Receta de "marmipako". Para empezar, y como diría la reina de corazones:"¡que le cooorten la cabeza!". La  cabeza entera va a una olla con agua y se hierve  20 minutos (o así) hasta que salga un buen caldo (abstenerse si el producto no es lo suficientemente fresco como para que entre en la olla boqueando; el sabor no sería el mismo, y a cada hora que pase se irá amargado el resultado). Dejar el caldo aparte reposando un par de horas o cuatro. Picar cebolla abundante, sin escatimar, que merma mucho al freír. Más vale que zozobre que no que zóh falte. Se dora en aceite de oliva del bueno, que el de girasol o el del motor no molan tanto. ¿He dicho que se dore? Mejor que se pase de color, un poco mas oscura, casi color dulce de leche, y entonces se le añade el pimiento rojo que habíais troceado. ¿Como? ¿Que aún no está listo el pimiento? ya estáis tardando. Esto del pimiento o de los vegetales añadidos va por gustos. Por mí, como si se le quiere echar también puerro. No será la receta ortodoxa, pero yo tampoco soy el arzobispo Makarios, de modo que le echo lo que tengo o me viene en gana y lo bautizo así a mi gusto: Marmipako. Cuando el pimiento-o-lo-que-sea ya este también sofrito se añade patatas troceadas por el procedimiento que se llama de "escachado", que consiste en meterles un pequeño corte cada vez con el cuchillo para romper desde ahí la fibra de la patata, con un desgarro (que no esguince) irregular. Esto favorece que suelte el almidón y hará engordar el caldo. A las patatas se les puede añadir pimentón picante, yo lo hago. Algún fundamentalista del marmitaco tal vez me condene por esto, como por tantas otras heterodoxias. Pues bueno, por ahí me lo paso. Por cierto que el caldo, rectificado de sal, no se añade hasta que las patatas, también saladas, se hayan rehogado bien. Entonces se deja cocer el conjunto en el caldo de pescado, mientras éste se queda fuera esperando su turno, troceado en tacos gruesitos, tamaño buen bocado y no se zambulle en la olla hasta que las patatas estén hechas y el fuego recién apagado. Si señor, como habéis leído: el atún solo se añade al final y a fuego apagado. (Le basta y le sobra para hacerse, de otro modo quedará como la mojama, rico, pero con una textura de filete pasado). Y por último, lo más importante: dejar reposar el plato.
 
La paciencia ha sido siempre virtud de marino,  y la ausencia de ella no es buena ni para los guisos ni para los barcos. Hay que dejar que se asiente el marmipako. ¿Cuánto? El tiempo mínimo se mide por la cervecita que se toma el cocinero, que, si además es el patrón, se cuenta como unidad aunque trasiegue varias, que contarlas resulta de mala educación. El máximo, que también lo hay, lo mide el mismo cocinero con ojo sabio, y no puesto en la olla, que es territorio amigo, sino atento a cualquier síntoma de motín entre la marinería hambrienta, que los cocineros siempre han sido una autoridad a bordo hasta que la capacidad de aguante de su tripulación se ha desbordado.