Vikingos o reyes de los mares, los más temidos.

Sus gestas, calificadas algunas de leyendas y otras reconocidas como legítimas en las Sagas Volsungas, mal traducido su nombre como “leyendas” revelan miles de millas recorridas a bordo de sus naves, los DRAKKAR.

Tras la angustia del frío, el hambre y la desolación de parajes congelados que pocos alimentos proporcionaban embestían con ímpetu y ardimiento a la batalla en busca de alimentos, tesoros y esclavos.

Mucho se ha escrito sobre los fieros, insaciables y sanguinarios luchadores pero poca divulgación ha tenido su particular destreza en la navegación  

El amanecer boreal, tras muchos meses entre la oscuridad y la penumbra, marcaba el inicio de la temporada. Resguardados de los hielos en los cobertizos, al interrumpirse la larga noche, botaban sus Drakkars deslizándolos sobre los rodillos todavía helados para ponerlos a flote. Todos los desembarcaderos de los fiordos, como por un instinto de peces migratorios, bullían de actividad apremiando con los preparativos para zarpar.

A bordo, remeros, patrón, navegante y timonel, cada uno con su quehacer, partían a tierras lejanas.

- Remeros, aquellos que cuando los vientos no soplaban portantes impulsaban la nave sin permitir que se adhirieran barbas de algas bajo sus quillas, sin dejar ni por un momento que el buque quedara a la deriva.

- Patrón, responsable del barco, del orden a bordo y de la tripulación.

- Navegante, quien en ocasiones era el mismo patrón aunque en otras, tal y como revelan las Sagas Volsungas era el garante de guiar la nave a buen puerto. Sabía leer los vientos, el flujo de las corrientes marinas, el color, el olor y la temperatura de las aguas, las sombras proporcionadas por el Sol, las algas flotantes, los peces y las aves migratorias para arribar a las costas deseadas.

- Timonel, extraña palabra para un barco que carecía de rueda de timón. Y es que los Drakkars parece ser que fueron las primeras naves marítimas que instalaron un timón de caña. Los documentos históricos revelan que hasta entonces, egipcios, griegos y romanos, entre otros, dirigían las naves con un remo a modo de azafrán, o simplemente como se dirigiría un bote a remos, ciando con uno y bogando con el otro. El timón instalado a bordo de los Drakkars no debemos imaginarlo como los actuales pues su popa lanzada al cielo impedía su instalación en línea de crujía. Soportado el eje por anillas fijas endientadas a la aleta de estribor, el forzudo timonel era capaz de guiar la barcaza a babor o estribor según ordenaba el navegante. Los Drakkars mayores llevaban dos timones, uno a cada banda. Entre ellos destacan Ormrinn Langi de 60 metros de eslora y el mayor de todos el Gran Dragón de 100 metros de largo.

 

 

Los primeros Drakkars no tenían vela, tan solo líneas de remos a ambos costados.

Más tarde se añadió un único mástil que, además era abatible. Durante las noches del largo invierno las mujeres tejían las velas cuadras, útiles con vientos largos y que cuando resultaban ineficaces las cargaban para continuar a remo.

Los remos asomaban por ojales practicados a lo largo de la regala. Cada orificio podía taponarse con un disco de madera para evitar, cuando sólo se usaba la vela, que entrase agua por ellos.

A los costados se colgaban los escudos coloreados, emblema de los guerreros embarcados.

 

 

 

 

El método de construcción nos asombraría hoy en día pues no se utilizaban cuadernas. Una larga quilla y roda y codaste cada uno de una sola pieza conformaban el origen del casco.

 

A partir de su estructura inicial utilizaban el método de “casco trincado” que se realiza superponiendo planchas de madera unas sobre otras. Para dotarlo de estanqueidad entre las juntas se utilizaba musgo impregnado con brea.

En el tajamar, a modo de mascarón, un dragón. En realidad Drakkar procede de la palabra dragón.

 

 

 

 

 

 

 "Dragón", en singular, era "dreki"; en plural, "drekkar", de manera que "drakkar" es deformación de lo que significaba "dragones", "mascarones", o bien "barcos". Wikipedia.

En su origen estas embarcaciones no tenían orza, sin embargo los largos viajes a través de los mares del norte en dirección oeste obligaban a trazar rumbos donde no cabía ni el abatimiento ni la deriva.

Un suplemento bajo la quilla a modo de timón fijo y en la línea de fe proporcionaba estabilidad de rumbo.

Cabe decir aquí que, en mar abierto, sin hitos con los que orientarse, de día pues no era posible hacerse a la mar durante los terribles inviernos del Círculo Polar Ártico, navegaban con el Sol, o mejor dicho, con su sombra.

Empleaban la llamada “brújula solar” un ingenioso instrumento que proyectaba la sombra de un gnomon sobre unas curvas marcadas en un disco. De esta forma conocían su situación al norte o al sur del paralelo correcto. Y si el tiempo era nublado empleaban la “piedra solar”, un feldespato que según incida la luz cambia su proyección del amarillo al azul averiguando así la posición exacta del astro rey.

 

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Soy Macu desde Escuela del Mar